El último kilómetro de Skibby
por biker | 2 Abril 2007
Jesper Skibby era un ciclista danés de electrizantes piernas. Ganador de varias etapas en Vuelta, Giro y Tour, el portentoso gigante nórdico era la avispa del último kilómetro. Siempre lo intentaba. Tan pronto como el pelotón cruzaba en fila de a uno el triangulo rojo de los últimos 1.000 metros, Skibby demarraba con la fuerza de un ciclón para, en un paréntesis que se le hacía eterno al espectador, dejar muchas veces con dos palmos de narices a los sprinters más cualificados. No siempre vencía, pero esa era su especialidad: dar espectáculo cuando las etapas llanas agonizaban en brazos de la machacona tiranía de los velocistas. Era un crack.
El danés se retiró en el año 2000, pero ahora vuelve a dar que hablar. Skibby acaba de publicar sus memorias, que amenazan con remover tanto las conciencias de los corredores como los frágiles cimientos de un deporte que lleva demasiado tiempo hundido en el fango de la trampa. Su libro es una confesión: “Me dopé. Consumí EPO, cortisona, hormona del crecimiento y decenas de mierdas más”, viene a relatar. “Me sentía fortísimo tras tomarla”, añade.
Muchos dirán que el gigante nórdico es otro arrepentido. Uno más en la larga lista de traidores: Manzano, David Millar, Philippe Gaumont… También le tacharán de cínico, que pudiendo haber confesado esto mismo hace muchos años, lo hace ahora, cuando aún resuenan los ecos de la operación puerto.
Que quieren que les diga, para mi es un hombre valiente y honrado, porque en su autobiografía no señala a nadie más que a él mismo. Ni compañeros, ni masajistas, ni tampoco directores. Sólo a él. “Me lo debía a mí y a mis hijas, no quiero que otros ciclistas jóvenes cometan los mismos errores que yo”, afirma en un gesto que le ennoblece. Desconozco cuántos libros venderá, aunque, eso sí, el bueno de Skibby no dejará a nadie indiferente. Puede que el pelotón se le eche encima y no le dé opción, como en el último kilómetro de una etapa llana del Tour, pero el gran danés dará a buen seguro un nuevo recital en sus páginas. Porque es la avispa, el depredador del último kilómetro.
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