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Homenaje al bueno de Gálvez

por biker | 17 Abril 2007

Joan Llaneras felicita a Gálvez en una fotografía de hace dos años

El pasado mes de noviembre falleció el corredor del Illes Balears Isaac Gálvez. Sucedió durante la celebración de una prueba en pista, en Bélgica, dentro de un velódromo y quizá por eso me sorprendió aún más la noticia. En este tipo de carreras no hay coches desbocados, tampoco descensos a tumba abierta, ni curvas traicioneras. Llevaba el casco y parece que las normas de seguridad se respetaron. Así que, casi con seguridad, el bueno de Gálvez fue sólo víctima de la fatalidad, de un mortal descuido de otro corredor, que acabó hundiendo el alma del catalán contra una maldita valla mal llamada de seguridad. Su corazón de ciclista dejó de latir tras el impacto.

El mundo del pedal se vuelve a teñir de luto. Ya son demasiadas veces. Gálvez pasa a engrosar una larga lista de caídos en combate: Fabio Casartelli, el generoso Manuel Sanroma, Jose Antonio Espinosa o el bravo kazajo Andrei Kivilev son sólo algunos de los nombres que resuenan de manera infausta en nuestra frágil memoria, pero hay muchos más. Como los ya desaparecidos hace mucho tiempo Tom Simpson, el corredor del KAS Juan Manuel Santisteban, Lorenzo Escolano o el portugués Joaquim Agosthino, que sufrió en 1984 una amarga agonía de diez días por culpa de un perro.

Luego están los que fallecieron atropellados como alimañas en un día cualquiera: Ricardo Otxoa o la gran promesa Antonio Martín Velasco. Estos casos son, sin duda, más sangrantes, porque ellos no eligieron jugársela en ninguna curva, simplemente salieron a entrenar, a cumplir su sueño o, simplemente, a hacer su trabajo. Porque el ciclismo profesional es, al final, una profesión. Un empleo humilde, donde el común de los ciclistas gana lo justo para vivir. Nada que ver con las idolatradas estrellas del fútbol y sus alegres fiestas de cumpleaños.

Después están Pantani y el Chaba Jiménez (genio y figura hasta la sepultura, el ciclista que más me hizo vibrar desde los tiempos de Perico Delgado). El destino de ambos fue tan trágico como profundo fue el pozo en el que se vieron sumidos.

Y finalmente nos encontramos con todos esos aficionados anónimos que son arrollados sin miramientos cada fin de semana en el recodo oscuro de cualquier carretera española. De esos, por desgracia, también hay demasiados y casi nunca se habla de ellos. Tristemente suelen ser un centenar cada año, dependiendo de lo favorable o esquiva que sea la estadística y la tradicional mala suerte del ciclista. Vayan por ellos nuestro lamento.

En fin, que en días como éste dan ganas de no salir a dar pedales. Pero entonces uno piensa en Gálvez, Sanroma o Kivilev y se vuelve a poner el casco y las zapatillas, porque queremos hacer lo que más nos gusta, como ellos. Eso sí, hagámoslo con precaución. El ciclismo es una forma de vida y la prudencia y el casco, la forma de protegerla, aunque sólo sea en ocasiones. No dejéis que el azar os coja desprevenidos…

Categorías: Carretera |

Una Pedalada to “Homenaje al bueno de Gálvez”

  1. EDGAR_GALVEZ dice:
    14 Diciembre 2007 a las 12:26 pm

    MI PRIMO ERA UN CAMPEON !! AUN Q NO ESTE AQUI CN NOSOTROS SIEMPRE LO SERA!!! SIEMPRE LO TENDRE EN M CORAZON!!!

Comentarios