« Madrid y Andorra, sedes mundiales | Inicio | Nuestra vida vale sólo 900 euros »
Perros poco perros
por biker | 6 Agosto 2007

Me sucedió ayer cuando bajaba a toda pastilla por un camino vecinal, entre árboles frondosos y rumbo a una refrescante playa cantábrica. El cuentakilómetros marcaba 37 y fue entonces cuando afloje la marcha porque en un punto concreto del recorrido me suele ladrar un Rottweiller con cara de pocos amigos. Siempre freno un poco antes para pasar silencioso y ver si la puerta está abierta o cerrada. La verdad es que los perros me dan bastante pánico, ya he tenido bastantes experiencias desagradables con ellos y no me gusta arriesgar. Lo cierto es que me sacan de mis casillas, siempre persiguiendo al ciclista. En cierta ocasión un mastín a punto estuvo de provocarme una grave caída en un encinar pedregoso del norte de Burgos. Desde entonces guardo mucha inquina a los canes.
El caso es que la citada verja estaba echada así que decidí acelerar. En ese momento vi a unos cinco metros de mí una masa blanca tumbada en el camino. Era enorme, casi como un niño tirado sobre el grijo de la senda. No supe que era hasta que lo tuve a un metro y medio. ¡Un enorme San Bernardo retozando a la sombra! Dios, el perro era un gigante, calculo que pesaría algo menos que mis 70 kilogramos. Un sudor frío me recorrió el cuerpo. ¿Freno o acelero? Opté por lo segundo. El can ni se inmutó. Yo miré para atrás y vi que apenas había variado de posición, así que no estaba muerto, como en un primer momento me pareció.
Al de un par de horas decidí regresar por el mismo camino vecinal. Temía encontrarme con el San Bernardo y que esta vez no fuera tan amistoso. Me acerqué pedaleando (esta vez en subida) sigilosamente. Tampoco hay muchas salidas si la cosa se pone fea, así que aproveché para dar un buen trago de agua y refrescarme por si había que dar la vuelta zumbando. A lo lejos le vi, tumbado de nuevo. Joder daba pánico por su tamaño. Cuando ya estaba a punto de sentarme a esperar a que pasara algún aldeano o turista me di cuenta que a medio metro a mi derecha había OTRO San Bernardo. Y yo sin darme cuenta. El caso es que, como hizo su congénere con anterioridad, ni se inmutó por su presencia. Así que pasé yo tan ricamente por al lado de mis amigos los San Bernardos. Eso sí que son perros poco perros y no como otros que andan sueltos por el campo…
Categorías: Noticias, Curiosidades |

