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Discriminación en el transporte público

por biker | 10 Septiembre 2007

Funicular de La Reineta

Los ciclistas tenemos que aguantar habitualmente nuestra discriminación en el transporte público. Los ejemplos que me han sucedido a lo largo de mi vida han sido numerosos. En Sevilla, una vez, ningún taxista se prestaba a cargar con mi bicicleta (perfectamente embalada en su caja de cartón). En muchos autobuses me han cobrado recargo por ’sobrepeso’ y hasta en el metro, incomprensiblemente y esgrimiendo una regla que no está escrita ni aprobada, me han puesto pegas por bajar mi montura en el ascensor. Y ni hablemos de los trenes de medio y largo recorrido, donde el aficionado al pedal no es menos que un proscrito. Y todo eso mientras a nuestros políticos se les llena la boca hablando del desarrollo sostenible y el cumplimiento (me da la risa) del protocolo de Kioto (o Kyoto). Ayer volví a sentirme mal en otro transporte colectivo.

Esta vez se trata del funicular de La Arboleda o La Reineta, en Trapagaran (Vizcaya). Una estructura casi centenaria que, a principios de siglo, sirvió en el territorio para comunicar a las personas que trabajaban con dureza en las minas de los montes de hierro de Triano con la civilización. Actualmente, desaparecidas ya las explotaciones, el tren de cremallera lo utilizan un puñado de vecinos y, sobre todo, muchos excursionistas y bikers. Y es que por la zona hay un circuito artesanal de descenso y varias rutas muy interesantes.

El caso es que ayer me sorprendió que me hicieran pagar doble (60 céntimos por dos= 1,2 euros). La justificación del empleado: “Te cuesta un viaje subir la bicicleta”. Bueno, me parece mal, pero si el servicio es bueno no me quejaré. Ahí está el problema. En un cartel cercano se advertía de que la cabina de pasajeros tiene capacidad para 40 personas y que sólo se admiten cuatro bicicletas por viaje, que, por cierto, son cada media hora. Y eso ya me parece garrafal. Si estás pagando doble será porque consideran que nuestras burras ocupan el lugar de una persona. Entonces, pongamos por ejemplo, si nos acercamos cinco bikers y cinco vecinos a pie, el número de pasajeros sería de 15 viajeros o, al menos, el espacio que ocuparíamos. En este caso quedarían todavía 25 plazas, pero como vamos con cinco bicicletas, uno de nuestros amigos, aunhabiendo sitio, se quedaría fuera. Entonces ¿cuál es el argumento para pagar doble?

Es una clara discriminación para nuestro colectivo. Me parece absurdo pagar doble, igual que me parecería una barbaridad que a una madre o padre le cobraran por transportar el coche de bebé de su hijo o a una persona por llevar maletas… Una vez más, nos marginan…

Categorías: Activismo |

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