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Diversión a la medinesa
por biker | 17 Septiembre 2007

Universociclista.com no faltó ayer al décimo aniversario de la Maratón Alpina Medinesa (Mame), una marcha que reunió a más de medio millar de aventureros en su versión más corta (42,195). Nuestro portal envió dos emisarios: una fotógrafa y un redactor, Biker, que corrió la prueba para contaros desde dentro los pormenores de un evento que se ha convertido ya en un clásico del norte peninsular. En estas dos galerías podréis ver más de un centenar de imágenes. El primer album está sacado casi en exclusiva desde la bicicleta, mientras que el segundo recoge la salida, la llegada a meta y el excelente ambiente que se vivió en la localidad burgalesa. En estos dos enlaces (BTT y BTT duro) también podéis descargaros las clasificaciones. Desde nuestra web seguiremos apostando por contar las marchas más importantes del país desde sus entrañas: sufriendo y disfrutando con todos vosotros. Ahí va la crónica de Biker.
El día amaneció radiante en Medina de Pomar (Burgos). La cita era a las doce del mediodía en el polideportivo municipal. Una hora perfecta: nada de madrugones y mucho tiempo para preparar las monturas y nuestros cuerpos para el esfuerzo. Desde tres cuartos de hora antes de lanzarse la salida, muchos de los más de 500 ciclistas ya calentaban sus piernas. Por delante, un recorrido variado y, a mi juicio, muy bonito para ser una marcha regulada. El perfil no asusta, como otras alpinas. Además, hay que elogiar la valentía de la organización que se atrevió a incluir divertidas subidas y bajadas por senderos, lo que siempre entraña peligros y dificultades logísticas.

El pistoletazo de salida se dio con puntualidad y la gente se lanzó a toda velocidad. Por delante buscaban puesto y los de atrás tampoco querían perder contacto. Así que el pelotón salió a pistón partido. En el kilómetro uno ya se produjo una caída y un pinchazo. “Mala suerte”, nos comentó el segundo corredor desafortunado. Con gran rapidez y muchos pulsómetros pitando por los nervios, el grupo enfila un camino que transita paralelo a la carretera. Es una vereda a la sombra, bastante llevadera y muy agradable para ciclar. Con todo, se producen los primeros tapones en cuanto llega la primera cuesta arriba con algo de dificultad técnica. Los que vamos atrás somos los más perjudicados. He salido despacio y quiero tomar conciencia de todo lo que sucede, desde la cola del grupo. Ya habrá tiempo de remontar. Aprovecho para echar algunas fotografías.
No han pasado cinco kilómetros y ya he visto bastante cosas raras: un pedal volando, bombas tiradas en el camino, la ambulancia atendiendo a un joven. Al paso por La Cerca, entre bosques de encinas y tierras de labranza, decido apretar un poco y remontar posiciones, no quiero verme atrapado en más tapones. Llegamos a Salinas, donde creo que subimos un cuestón por cemento hacia el cementerio que me obliga a meter todo el desarrollo. Subo sentado, tranquilo… Mucha gente sufre, se baja… A otros se les ve con fuerza. El repecho es, sin duda, muy duro.

Coronamos y nos lanzamos tumba abierta hacia Villamor por uno de los senderos más bonitos del recorrido. Tengo suerte y no cojo a nadie por delante, así que puedo disfrutar. Paro a hacer una fotografías de una grupeta grande que se ha formado detrás mío. En seguida aparece el primer avituallamiento sólido. Muy bien montado: pastelitos, frutos secos, bebidas energéticas… Todo lo necesario para recuperar energías. Llevamos una hora de pedaleo y unos 13 kilómetros de recorrido. La cosa va bien, disfrutamos…
Tras la parada para comer y beber, el terreno se vuelve plano, pero aparece un viento bastante pestoso. Es hora de buscar refugio tras la espalda de algún fornido ciclista. A chupar rueda. A lo lejos veo una pareja cuadradota y aprieto para darles caza. Los tíos miden por lo menos 1,90 metros y tienen espaldas como bomberos ¡Qué bien se va a remolque! Dejo pasar unos kilómetros, hasta el comienzo de la subida al alto de los Mazos. Es una ascensión muy sosegada y parece imposible que el hombre del Mazo nos pueda arrear aquí un cachiporrazo. Subimos a plato y comparto charleta con un chico vizcaíno durante un largo rato. Es agradable disfrutar del entorno. La pista es ancha y se pasa por zonas con ganado.
Los tábanos hacen su aparición. Mi dulce sangre es un reclamo que no pueden ignorar. Recibo un picotazo en el brazo. Me revolotean todos a mí, mi compañero parece que no existe. Transito a doce o trece por hora y el alto está a un kilómetro. Decido acelerar y marcharme solo. Bajo piñones para deshacerme de las malditas moscas. Subo a 20 por hora, a bloque el último kilómetro.

Llego a un avituallamiento. La gente comienza a estar un poco fundida. Relleno mi Camelback y otro tábano me acribilla la espalda, tan pronto como cuando me quito la mochila. Dios, malditos bichos. Decido salir zumbando de allí, nunca mejor dicho. La bajada es rápida y agresiva. A darle caña a mi Specialized, que para eso llevo doble suspensión. Salto, brinco, recorto en las curvas… Disfruto mucho.
Tras el alto de los Mazos enganchamos enseguida la subida al alto La Llana. La zona me sorprende por su belleza. La cima del puerto está coronada por un enorme pastizal, una gran meseta donde el viento sopla fuerte. Aprovecho para echar unas fotos con un fondo realmente bonito. A partir de aquí, ya casi todo es para abajo.

Antes de Valmayo hay una zona técnica muy bonita: sendero estrecho, con algunos terraplenes a mano derecha. Trato de ciclarlo todo, pero pillo un nuevo tapón que me obliga a echar el pie a tierra. Noto que mi gasolina comienza a ir un poco justa. Ya son dos horas y media pedaleando y recopilando imágenes. Además, hace un par de kilómetros que me he quedado seco, sin agua en mi mochila. Por fortuna, el siguiente avituallamiento no está lejos.
Continuo por una bajada muy estrecha y emocionante, lástima que lleve a un compañero por delante y no pueda soltar el freno. Al final le paso en un pequeño claro, saliéndome del sendero. Llegamos al último avituallamiento sólido y tomo un poco de glucosa. A mucha gente no le suele sentar bien, a mí me suele ir de lujo. Sigo para adelante y pronto veo un cartel que indica seis kilómetros a meta. Mi tiempo es de 2,47 minutos. Así que si aprieto igual bajo de las tres horas. Me detengo a echar las últimas instantáneas y decido no parar más. A muerte, a meta.
Engarzo el plato grande y acelero. Si consigo mantener una media de 30 por hora, bajo de las tres horas. El terreno es cuesta abajo y me la juego por una vereda repleta de rodadas traicioneras. La verdad es que recorto mucho a los que van por delante. 2 horas y 53 minutos. Puedo llegar. termina la bajada y llego a un cruce de carreteras. Casi me equivoco, pero un guardia civil me advierte con el brazo de que ese no es el camino correcto. Dios, pierdo unos segundos… El cronómetro avanza y mi bicicleta afronta los últimos dos kilómetros. Son los más feos de todo el recorrido. Hay un olor fétido en el ambiente y una zona con muchos escombros. Son las afueras de Medina…

Empiezo a pasar a muchísima gente que realiza la prueba caminando. Padres con hijos. Parecen derrumbados. Una chica lleva un perro en brazos. Se les ve cansados. Como yo. La MAME no tiene desniveles mortales, pero si aprietas y metes plato te puede llegar a agotar. En ese momento me doy cuenta de que no voy a bajar de las tres horas. Así que me relajo y disfruto del tramo final, por la chopera. El público me anima y muchas mujeres realizan fotografías de sus maridos en línea de meta. Les esperan durante muchos minutos hasta que aparecen y eufóricos. Es un momento emotivo y mágico. La mía también me aguarda y me inmortaliza con la cámara. Al final 3 horas 2 minutos y 3 segundos. Eso sí, tengo una buena colección de imágenes en el zurrón y una excusa para volver el año que viene: bajar mi tiempo.

A los que estéis pensando en acudir en 2008 os diré que la Maratón Alpina Medinesa es muy recomendable. El paisaje es sorprendente, muy verde y con contrastes entre el fresco de la montaña y el calor amarillo de la llanura. Respecto a la organización, me pareció fabulosa: buenos avituallamientos, gente agradable, manguera para limpiar las bicicletas, exquisita comida y mucha animación. Sólo un pero: el agua de la ducha era fría, aunque no sabéis lo bueno que es esto para los músculos. Nos vemos el año que viene.
Categorías: MTB Competición, Aventura |


17 Septiembre 2007 a las 10:55 pm
Muy buena y entretenida cronica— vaya tela con la camara de fotos y buena cara…
Alli estuvimos y sufrimos bastante.
Saludos.
18 Septiembre 2007 a las 11:49 pm
Eso de buena cara?
Un saludo
Biker
19 Septiembre 2007 a las 11:13 am
Muy buen trabajo Biker. Desde la organización tomamos nota para futuras ediciones y desde luego esperamos veros a todos de nuevo.
Gracias a todos los participantes, ClubMAME
19 Septiembre 2007 a las 12:02 pm
Muy buena cronica. Yo hice la medía maraton a pinrel. Ha sido la primera y no será la única.