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El bicing mató al alquiler tradicional
por biker | 12 Diciembre 2008
He alquilado bicicletas en Nueva York, Barcelona, Isla Graciosa (Lanzarote) y en otros lugares del mundo. Siempre he recibido un servicio bueno. Rápido, fiable y cómodo. Las tiendas de alquiler tradicional me han permitido conocer ciudades desde una perspectiva diferente… a pedales. De unos pocos años a esta parte he comprobado cómo en algunas urbes europeas y españolas han proliferado servicios públicos de préstamo de bicicleta. Les llaman Bicing. Hacerse con ellas es algo farragoso para alguien que está de pasada, lo he comprobado en Zaragoza o en Bilbao, mi ciudad. Que si hay que reservar vía Internet o hacerse un carné. Pese a ello, parece que la idea triunfa. Y todo lo que sea fomentar el uso de este sensacional vehículo es admirable, pero me preocupa que en la cuneta de la carretera hacia la sensibilización estamos dejando unos cuantos cadáveres.
Me refiero a esos establecimientos tradicionales cuyo negocio es precisamente proveer de monturas a los turistas para que disfruten por unas horas de la mejor forma de viajar que conozco. Los precios no tienen comparación. Claro, el bicing lo pagamos todos con nuestros impuestos y los regentes de establecimientos dedicados a alquiler se quejan de que los ayuntamientos les hacen competencia desleal. La cuestión no es baladí. Ni mucho menos. Sobre todo, porque me parece algo injusto. Las tiendas de renting ya estaban ahí mucho antes de que a los alcaldes se les ocurriera que quedaba muy pintoresco y bonito eso de fomentar el ciclismo urbano.
En Barcelona, por ejemplo, (100.000 usuarios en 9 meses) los afectados estiman que han perdido entre un 25 y un 30% de su clientela. Imaginemos que tenemos un puesto de melones y a los políticos se les enciende la bombilla y creen que es muy bueno y muy sano vender a precio de coste esa fruta a los ciudadanos. Para ello monta un expositor cerca del nuestro y tira las tarifas. Y encima la infraestructura y al operario le pagamos entre todos, con nuestros impuestos, así que no importa si hay pérdidas. Injusto. En mi opinión hay que explorar vías para que los dueños de los establecimientos de toda la vida no vayan al paro. A bote pronto se me ocurre que podrían recibir subvenciones o podrían integrar sus bicis en el sistema o tener preferencia en el concurso público para decretar la empresa privada que gestionará el servicio público. Piensen señores políticos que para eso se les paga con el dinero de todos.
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